LA CONDESA DE HARO 1808
domingo, 8 de marzo de 2015
miércoles, 4 de marzo de 2015
LA MORFINA SANTIAGO RUSIÑOL
La morfina es una de las obras más importantes de Santiago Rusiñol (1861-1931), pintor, escritor, coleccionista, periodista y dramaturgo catalán del Modernismo. Esta pintura representa un tema bien conocido por el autor, que a causa de una enfermedad acabó desarrollando una adicción a esta sustancia. La morfina era una droga muy extendida a finales del siglo XIX, especialmente entre la alta sociedad.
Sin embargo socialmente estaba muy mal vista. Por este motivo el artista dota al cuadro de un tono simbolista y representa a la mujer como una enferma que necesita la morfina para calmar sus dolores.La descripción del acto de administrarse el medicamento es muy realista y está cargada de tensión emocional en la mano de la joven, aunque su rostro nos indica que la droga está empezando a hacer efecto.
En La morfina el , el pintor ha querido presentarnos a la modelo como si estuviera enferma, desaliñada y con aspecto de abandonada, el pelo sin recoger sobre los hombros, uno de los cuales ha perdido la sujeción del tirante cuando la mano se ha tensado y agarra la sábana con un toque de dramatismo que nos conduce a pensar, cuando le vemos la placidez de la cara, que la mujer acaba de entrar en los procelosos mundos de Morfeo, pues por el dios griego de los sueños se llama así este alcaloide opiáceo, que fue y sigue siendo uno de los grandes síntomas de la decadencia. Y a ese propósito no queremos olvidarnos de otra de las grandes obras de la pintura española, “La joven decadente” firmada en esta ocasión por el colega y amigo íntimo de Rusiñol, Don Ramón Casas, otro burguesito que pintaba como dios y tan golfo o más que Don Santiago, con quien compartió muchas correrías de las que pronto os contaré anécdotas y detalles. Y lo hacemos porque si alguien se ha abandonado aquí ha sido esa mujer que yace sobre el diván tan verde que le sube el rosado de sus mejillas, con sus músculos tan lacios que su brazo cuelga hasta casi el suelo y con su mirada tan perdida que bien parece que ya se hubiera puesto de morfina de no sujetar un pequeño libreto, cuya pasta es amarilla, como las mantas de los primeros cuadros, lo que dicen nos indica la enfermedad que arropan, pero yo jamás he entendido este simbolismo que se les otorga a los colores.
El dominio de la luz y la facilidad y soltura de su pincelada dirige la mirada del espectador con gran habilidad hacia aquellos puntos del cuadro que le interesa enfatizar, como la mano, y aquellos que tiene intención de sugerir o incluso esconder, como el espacio en el que se encuentra.
Sin embargo socialmente estaba muy mal vista. Por este motivo el artista dota al cuadro de un tono simbolista y representa a la mujer como una enferma que necesita la morfina para calmar sus dolores.La descripción del acto de administrarse el medicamento es muy realista y está cargada de tensión emocional en la mano de la joven, aunque su rostro nos indica que la droga está empezando a hacer efecto.
En La morfina el , el pintor ha querido presentarnos a la modelo como si estuviera enferma, desaliñada y con aspecto de abandonada, el pelo sin recoger sobre los hombros, uno de los cuales ha perdido la sujeción del tirante cuando la mano se ha tensado y agarra la sábana con un toque de dramatismo que nos conduce a pensar, cuando le vemos la placidez de la cara, que la mujer acaba de entrar en los procelosos mundos de Morfeo, pues por el dios griego de los sueños se llama así este alcaloide opiáceo, que fue y sigue siendo uno de los grandes síntomas de la decadencia. Y a ese propósito no queremos olvidarnos de otra de las grandes obras de la pintura española, “La joven decadente” firmada en esta ocasión por el colega y amigo íntimo de Rusiñol, Don Ramón Casas, otro burguesito que pintaba como dios y tan golfo o más que Don Santiago, con quien compartió muchas correrías de las que pronto os contaré anécdotas y detalles. Y lo hacemos porque si alguien se ha abandonado aquí ha sido esa mujer que yace sobre el diván tan verde que le sube el rosado de sus mejillas, con sus músculos tan lacios que su brazo cuelga hasta casi el suelo y con su mirada tan perdida que bien parece que ya se hubiera puesto de morfina de no sujetar un pequeño libreto, cuya pasta es amarilla, como las mantas de los primeros cuadros, lo que dicen nos indica la enfermedad que arropan, pero yo jamás he entendido este simbolismo que se les otorga a los colores.
El dominio de la luz y la facilidad y soltura de su pincelada dirige la mirada del espectador con gran habilidad hacia aquellos puntos del cuadro que le interesa enfatizar, como la mano, y aquellos que tiene intención de sugerir o incluso esconder, como el espacio en el que se encuentra.
Mercedes Tamara ( autora
4-03-2015
Bibliografia ; Wikipedia
jueves, 26 de febrero de 2015
VIEJA DESPIOJANDO A UN NIÑO BARTOLOMÉ ESTEBAN MURILLO
VIEJA DESPIOJANDO A UN NIÑO 1670
jueves, 19 de febrero de 2015
LA REINA MARIANA DE AUSTRIA DIEGO DE VELÁZQUEZ
LA REINA MARIANA DE AUSTRIA 1656
Mercedes Tamara ( autora )
19-02-2015
Bibliografia : ARTEHISTORIA
lunes, 9 de febrero de 2015
LA VENERABLE MADRE JERÓNIMA DE LA FUENTE DIEGO DE VELÁZQUEZ
LA VENERABLE MADRE JERÓNIMA DE LA FUENTE 1620
sábado, 7 de febrero de 2015
PIERETTE RAIMUNDO DE MADRAZO
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| Pierette óleo sobre lienzo 196x 93 cm Colección particular |
Pierette. El mejor representante del Realismo burgués en España es Raimundo de Madrazo, especialmente en los retratos como éste de su modelo favorita Aline Masson de cuerpo entero, vestida para una fiesta de carnaval. Aline era la hija del conserje del palacio del marqués de Casa Riera en París, sorprendiendo al pintor por su belleza tras la ruptura con su primera modelo, Naná. La joven aparece ante un fondo neutro, girando su atractivo rostro hacia la izquierda, vistiendo un elegante traje escotado con una capa ribeteada en piel.
En la obra podemos admirar el estilo puesto de moda por Raimundo, donde el dibujo exquisito se une a la pincelada rápida y empastada en algunas zonas, sin renunciar a la captación de las calidades de las telas, recordando a su cuñado Fortuny. El detallismo y la minuciosidad no están reñidos con la transmisión de la elegancia, galantería, sensualidad y belleza de la modelo. Las tonalidades estridentes empleadas en los ropajes de la modelo han sido aplicadas con soltura, exhibiendo Madrazo una atractiva técnica, pastosa y fluida, que caracterizará su pintura. Este cuadro participó en la Exposición Universal de París de 1878, donde el artista recibió una primera medalla y el lazo rojo de la Legión de Honor. Raimundo de Madrazo ha alcanzado el éxito, vendiendo inmediatamente todo lo que pintaba, sin posibilidad de guardar obras para las exposiciones.
Mercedes Tamara
7-02-2015
viernes, 6 de febrero de 2015
LA DAMA DE SHALOTT JOHN WILLIAM WATERHOUSE
LA DAMA DE SHALOTT 1888
viernes, 26 de diciembre de 2014
CRISTO EN CASA DE MARTA Y MARIA JAN VERMEER
CRISTO EN CASA DE MARTA Y MARIA 1655
viernes, 5 de diciembre de 2014
SOLDADO CON MUCHACHA SONRIENTE JOHANES VERMEER
SOLDADO CON MUCHACHA SONRIENTE 1658
domingo, 30 de noviembre de 2014
PAISAJE COSTERO GUILLERMO GOMEZ GIL
La producción de Gómez Gil está centrada casi exclusivamente en las marinas. Durante décadas le preocupó el mar en sí mismo, como un medio que le permitía experimentar con el color y la luz reflejados sobre su superficie, pero a partir de finales del siglo XIX muestra interés por personalizarlo. Dentro de esta línea habría que encuadrar la obra que nos ocupa.
Relacionar esta tendencia con la producción de Gómez Gil, y concretamente con esta obra, es hacerlo con su estancia madrileña y su posible vinculación con Casto Plasencia o con el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que se decidieron por un paisaje abrupto de costas, acantilados y puertos del agresivo y accidentado litoral del norte, en las últimas décadas del XIX.
Sin embargo, la marina que estamos tratando no deja de estar en la línea de esos paisajes finiseculares de vinculación al plenairismo haesiano, e incluso del de Beruete, pero que, llenos de resabios académicos, no llegan a plantearse del todo la investigación de la atmósfera o la de la superficie a partir de la fuerza de la mancha y de la pasta, sino que efectúan un trabajo en el que difícilmente falta cierta suavización del tema mediante la elección de la luz ambiental o de los encuadres.
Relacionar esta tendencia con la producción de Gómez Gil, y concretamente con esta obra, es hacerlo con su estancia madrileña y su posible vinculación con Casto Plasencia o con el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que se decidieron por un paisaje abrupto de costas, acantilados y puertos del agresivo y accidentado litoral del norte, en las últimas décadas del XIX.
Sin embargo, la marina que estamos tratando no deja de estar en la línea de esos paisajes finiseculares de vinculación al plenairismo haesiano, e incluso del de Beruete, pero que, llenos de resabios académicos, no llegan a plantearse del todo la investigación de la atmósfera o la de la superficie a partir de la fuerza de la mancha y de la pasta, sino que efectúan un trabajo en el que difícilmente falta cierta suavización del tema mediante la elección de la luz ambiental o de los encuadres.
La luz es, por otra parte, el elemento por el que la obra expresa su traducción del nuevo concepto de modernidad, pero está presente sin conseguir una clara definición por la línea de expresión de la mediterraneidad o por la de la dramatización del regeneracionismo en manos castellanas o vascas. La superficie está construida a base de zonas trabajadas con una pasta y unas pinceladas fluidas y suaves, contrastando las zonas de luz, para conseguir efectos llamativos de características escenográficas.
Estos procedimientos acercan la obra de Gómez Gil al uso de estereotipos empleados en el paisajismo de fin de siglo.
En Paisaje costero, Gómez Gil actúa como un pintor interesado por la fijación precisa y minuciosa del entorno, empleando una técnica que denuncia esa postura objetivista en donde el protagonismo de la luz significa el testimonio de veracidad, recordándonos a tomas de la naturaleza realizadas por Beruete, pero sin ese punto de dureza reivindicativa y militante propio de sus paisajes, sino en clave de lo amable y dulcificado.
Bibliografía : Teresa Sauret Guerrero: Colecc Carmen Thyssen Museo de Málaga
Estos procedimientos acercan la obra de Gómez Gil al uso de estereotipos empleados en el paisajismo de fin de siglo.
En Paisaje costero, Gómez Gil actúa como un pintor interesado por la fijación precisa y minuciosa del entorno, empleando una técnica que denuncia esa postura objetivista en donde el protagonismo de la luz significa el testimonio de veracidad, recordándonos a tomas de la naturaleza realizadas por Beruete, pero sin ese punto de dureza reivindicativa y militante propio de sus paisajes, sino en clave de lo amable y dulcificado.
Mercedes Tamara
30-11-2014
Bibliografía : Teresa Sauret Guerrero: Colecc Carmen Thyssen Museo de Málaga
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