sábado, 18 de octubre de 2014

PAISAJE AL ATARDECER CON DANTZARIS VALENTÍN DE ZUBIARRE

PAISAJE AL ATARDECER CON DANTZARIS  S/ F



Paisaje al atardecer con dantzaris
óleo sobre lienzo 44 x 59 cm
Colección Carmen Thyssen, Museo Thyssen, Málaga



Este pequeño cuadro de Valentín de Zubiaurre puede considerarse un arquetipo de la pintura regionalista vasca y, por extensión, del pueblo vasco de comienzos del pasado siglo. Obviamente, por el asunto representado, cinco dantzaris y un txistulari; además de por la caracterización fisonómica de todos ellos, especialmente «racial» en las cabezas, acentuada, aún más, en las mostradas de perfil. También, por supuesto, por el paisaje con los típicos caseríos entre los campos cultivados y las zonas arboladas, corriente en muchos de sus cuadros –por ejemplo, en el titulado En los prados (óleo sobre lienzo, sin fecha)–. Este cuadro costumbrista puede verse también como un pasaje bucólico –con lo que se idealizaría y mitificaría la vida rural tradicional vasca–, además de por el tema, por la quietud y el sosiego que trasmiten la gama cromática fría, la composición cerrada y la intemporalidad de los personajes, que se desprende de la manera peculiar con la que Valentín de Zubiaurre pintaba las figuras, hieráticas e inmóviles, y que, como en otras de sus pinturas, se adelantan y recortan nítidamente sobre el fondo, a pesar de participar de la misma tonalidad general. La visión frontal de los hombres y su adelantamiento enfatiza la creación de tipos, que para ese artista y otros regionalistas pertenecientes como él a la generación de Alfonso XIII devenían símbolos de la idiosincrasia del alma vasca.


Los troncos de los árboles de los extremos cierran la composición lateralmente; limitación horizontal del espacio frecuente en distintas pinturas del artista, conseguida otras veces mediante los personajes enhiestos y algunos elementos verticales, como remos o cruces, situados a ambos lados de la composición –como en Salida de las lanchas, uno de sus cuadros más populares–. Los cuatro dantzaris, descansando y el follaje de los árboles cierran respectivamente la composición por la partes inferior y superior, sirviendo unos y otros de compensación entre ellos. Las figuras, el valle y las montañas se disponen en tres franjas superpuestas de modo que, a pesar de la profundidad, la pintura es muy plana, otra de las características del estilo de Zubiarre, apartado del academicismo en el que se formó y del que se alejó definitivamente tras conocer las vanguardias europeas a raíz de su estancia en París, pensionado por la Diputación de Vizcaya en 1912. Al igual que la mayoría de sus pinturas, Valentín de Zubiaurre no fechó el cuadro, si bien, a tenor del estilo y temática, suponemos que debió de pintarlo después de la fecha indicada y antes de 1936.


Probablemente Valentín de Zubiaurre realizase este cuadro en el estudio, pues sabemos por quienes le conocieron que apenas pintó al aire libre, sirviéndose de apuntes tomados del natural y de dibujos de modelos vivos. Las posturas de los dantzaris, especialmente la del semirecostado del centro, no son únicamente realistas, como pudiera parecer a primera vista, ya que aparecen con frecuencia en otras de sus pinturas de la misma temática, como uno de los dantzaris de Romería vasca (óleo sobre lienzo, sin fecha) y otras aparentemente muy distintas, Desnudos (óleo sobre lienzo, sin fecha) en la que una de las bañistas adopta una postura similar, y en dibujos como < span class="em">Espatdanza (lápiz sobre papel, sin fecha); posturas vinculadas a la vez, por supuesto, a la representación de desnudos femeninos en la pintura occidental desde el Renacimiento.


Este cuadro es una de las obras de la producción de Zubiaurre en la que predomina más el colorido frío (azules y verdes, sobre todo), que fue otra de las características de la pintura del artista, a diferencia de la gama cromática cálida, preferida por su hermano menor Ramón, también pintor y como él sordo, aunque no mudo como Valentín, discapacidades que los dos compensaron gracias a su esfuerzo y a una educación esmerada, y con quien compartió éxitos y galardones, sobre todo en el período comprendido desde el final de la Gran Guerra y hasta la Guerra Civil española de 1936-1939. Colores fríos, apenas alterados por los cálidos de otras partes de la pintura, como en algunas de las carnaciones y especialmente en las jarras –objetos presentes, a modo de bodegón, muy habituales en su pintura, utilizados para compensar cromáticamente sus cuadros–, en el valle y en el cielo detrás de la sierra que se recorta al fondo en un horizonte alto, sobre todo en la puesta del sol que se oculta tras un collado. El cuadro está ejecutado con una pintura muy diluida, algo cargada en algunas zonas, que permite apreciar en algunas partes la imprimación clara, e incluso la trama del lienzo.




Mercedes Tamara
18-10-2014





Bibliografía : Ángel Llorente Hernández , Museo Carmen Thyssen, Málaga

miércoles, 15 de octubre de 2014

EL PRÍNCIPE DON CARLOS ALONSO SÁNCHEZ COELLO

EL PRÍNCIPE DON CARLOS 1557-15579
El príncipe don Carlos
óleo sobre lienzo 109 x 95 cm
Madrid, Museo Nacional del Prado


Don Calos, hijo de Felipe II y de su primera esposa María de Portugal, nació en Valladolid el 8 de julio de 1545 y murió en Madrid el 24 de julio de 1568. Fue proclamado príncipe de Asturias en 1560, a la edad de quince años , pero pronto mostró signos de inestabilidad y se hizo patente que no sería apto para reinar. El descubrimiento de un plan para huir a los Países Bajos e intervenir en un gobierno, hizo que su padre lo pusiera bajo arresto, en enero de 1568, seis meses después , sucesivas huelgas de hambre le acarrearon la muerte en cautiverio. La tragedia fue explotada por los enemigos de Felipe II , sobre todo por Guillermo de Orange y Antonio Pérez,  para empañar el nombre del rey , y dio pie a la " leyenda negra ".

Ésta es la primera representación conocida del príncipe y una de las primeras pinturas de Sánchez Coello. Don Carlos, de unos doce años de edad, aparece casi de frente, vestido de amarillo dorado con jubón pespunteado y calzas de anchas cuchilladas, gorra negra de copa aplastada y espada al cinto . Sobre los hombros lleva un bohemio forrado de lince . Llama la atención la luminosidad de su rostro, con las carnaciones lisas y pálidas y el sombreado delicado que son característicos del estilo del pintor. En este caso sabemos que favoreció a su modelo , ya que la suave expresión no cuadra con el carácter agresivo del príncipe que reflejan los testimonios escritos y sus defectos físicos han sido hábilmente disimulados con la postura frontal , reducidos "el labio belfo y la alargada barbilla " y ocultados los hombros deformes por la capa. En 1564 el embajador alemán 
Dietrichstein , comentaba que el príncipe era excesivamente pálido y tenía un hombro más alto que el otro, la pierna derecha más corta que la izquierda , el pecho hundido y algo de joroba.

Con motivo de la restauración  de este retrato en 1990, se descubrió la ventana, oculta bajo los repliegues antiguos. No solo se reveló así su bello paisaje , sino que se enriqueció el significado de la imagen. Las figuras que aparecen en el cielo , Júpiter y un águila con una columna entre las garras, fueron interpretadas por Juan Miguel Serrera, como alegoría de Felipe II , que al igual que el dios de la Antigüedad está orgulloso de su hijo, el nuevo Hércules- de ahí la columna- destinada a heredar la Monarquía hispánica. La representación en el arte español del heredero del trono como príncipe de Asturias es sumamente infrecuente.

La inclusión de esta ventana y el paisaje de fondo, que Sánchez Coello empleó también en El archiduque Wessel de Austria ( 1574 Kunsthistoriches Museum, Viena ) procede de Tiziano. El presente retrato fue en su origen de cuerpo entero , según consta en el inventario de 1636 del Alcázar de Madrid, y el recorte del lienzo ha exagerado la composición triangular. Es interesante comparar esta imagen con el retrato de cuerpo entero del príncipe, que se conserva en el Kuntshistoriches Museum de Viena, institución que atesora una importante colección de obras de Sánchez Coello. Pintado hacía 1664,
siete años más tarde que el del Prado y con menos finura, es una representación no tan favorecedora, en la que el cuerpo contrahecho no queda del todo disimulado y donde el ceño fruncido indica tensión. Hay un retrato de busto mucho mejor y aproximadamente de la misma fecha  ( h 1664 ) en el Museo Nacional Soares dos Reis de Oporto.

Este impresionante retrato demuestra que antes de cumplir los treinta años Sánchez Coello tenía ya un estilo asentado y había absorbido la influencias de los pilares de la retratística española, Antonio Moro y Tiziano. La expresión vigilante del príncipe es característica de todos sus modelos , lo mismo que el suave modelado del rostro y las manos


Mercedes Tamara
15- 10-2014


Bibliografía : Wikipedia
                      Artehistoria