sábado, 20 de septiembre de 2014

JULIA RAMÓN CASAS I CARBÓ

JULIA 1915
Julia
óleo sobre lienzo 85 x 67 cm
Colección Carmen Thyssen-Bornemizsa , Málaga



Entre las amplias producciones pìctóricas de Ramon Casas tienen un especial protagonismo los retratos de tipos femeninos, que constituyeron la esencia misma de su actividad como cartelista, y que, por tanto, fueron también vistos a través de los pinceles del artista con una intención esencialmente sensual y decorativa, casi siempre haciendo posar a sus modelos en actitudes veladamente provocativas e insinuantes.


Una de sus preferidas fue Julia Peraire, la bella vendedora de lotería de la plaza de Cataluña, a la que Casas conoció en la tertulia de la Maison Dorée. Deslumbrado por la lozanía de su juventud –ya que contaba veinticinco años menos que el pintor–, y tras varios años de vida en común, llegaron a casarse el 29 de septiembre de 1922, falleciendo algún tiempo después de su esposo, el 17 de enero de 1941.

Así, Ramon Casas retrataría a su amante en las más variadas indumentarias y poses, la mayoría de los casos con resultados no por convencionales menos atractivos, supliendo con gran instinto su aparente ausencia de expresión con la especial sensibilidad que Casas tuvo siempre en el uso del color, y con su intuición para reflejar de forma discreta pero claramente palpable los más leves rasgos de la capacidad de insinuación de la mujer, verdadera clave de su clamoroso éxito en este género que agotó hasta la saciedad en sus últimos años.

En esta ocasión posa sentada, con los brazos en jarras en actitud castiza y casi desafiante, ataviada con la más típica indumentaria española. Así, viste una torera de intenso rojo bordada en negro, sobre un chaleco de reflejos plateados, en perfecta armonía con el color del vestido, la peineta y las flores con que se adorna la cabeza, dentro del gusto tan característico por la espagnolade más tópica, de que hicieron gala tanto los artistas franceses como muchos de los pintores españoles que residieron en París a partir de la segunda mitad del siglo XIX para dar gusto a su clientela extranjera, y del que Casas participaría muy especialmente, llegando a autorretratarse ya en 1883, en su más temprana juventud, con traje andaluz y empinando una bota.


Curiosamente, en este lienzo concurre en Casas una especial proximidad con el arte de algunos de sus contemporáneos, mostrando rasgos de la técnica de Toulouse-Lautrec en el tratamiento de la falda, modelada a base de líneas paralelas. También evoca la etapa azul de Picasso en el desarrollo cromático del retrato, e incluso se aproxima al propio Ignacio Zuloaga, en principio tan alejado de los planteamientos plásticos del catalán, pero al que también recuerda, fundamentalmente en el juego cromático del rojo y el negro en contraste con la blancura nacarada de las carnaciones de la modelo, de perfiles suaves y mórbidos, y la frialdad casi metálica del vestido y el fondo neutro ante el que posa la mujer, resuelto a base de restregar el óleo sobre la tela, con una nada disimulada carga erótica al mostrar el cuello desnudo y el generoso escote de la bella modelo, su mirada directa con un toque arrogante dirigida al espectador y su boca discretamente pintada de carmín.




El sonido ha de datarse en fecha muy próxima al retrato de Julia con mantilla firmada por el artista  en 1914, en el que los rasgos de la mujer aparentan edad muy semejante


Mercedes Tamara
20-09-2014

Bibliografía : Colección Carmen Thyssen Málaga

viernes, 19 de septiembre de 2014

MUJERES EN UNA ENSENADA JUNTO A LA PLAYA GUILLERMO GÓMEZ GIL

MUJERES EN UNA ENSENADA JUNTO A LA PLAYA 
Mujeres en una ensenada junto a la playa
óleo sobre lienzo 27 x 38 cm
Colección del Museo Thyssen, Málaga


Esta pequeña obra de Guillermo Gómez Gil se puede clasificar iconográficamente hablando tanto de una marina como una pintura de género , ya que la narrativa que se presenta en la obra posee un protagonismo que desvía la atención del espectador de la mirada interesada por los accidentes geográficos.

La acción de las mujeres que faenan en la ensenada sugiere una actividad de la cotidianeidad doméstica. Hay cestas, ropas, niños desnudos en el agua ...que han sido captados con la intención de la instantánea . Toda la escena se mueve en esa clave de lo inmediato.

En principio, la obra se concibe con la intención del apunte , del registro de una acción que ha atraído el interés del pintor . El toque tan rápido , suelto y preciso, con economía de trazo para resolver la fijación del momento.

La paleta se somete a la jerarquía de la luz , ya que el pintor se interesa por ser notario de un color que puede identificar una zona. Hay un brillo, una fuerza en la paleta que invita a pensar en un territorio, una costa, del norte, cuando los cielos se presentan relativamente limpios.

Hay que tener en cuenta que estamos ante una obra sin pretensiones, ligera, fresca, que no ha pasado por el fitro del estudio y el trabajo de un acabado que convierte al cuadro en una obra con pretensiones.

Se trata del ejercicio de registro e interés por la sencillez de lo cotidiano y espontáneo, sin llegar a la condición de boceto pero que por la solidez de la anotación y el buen dominio de la captación de lo atmosférico se convierte en un testimonio de la profesionalidad del pintor . La naturaleza se imbrica con la figura y la acción, y en este equilibrio surge una composición fresca y sólida en cuanto a la narrativa literaria y técnica. Pero de nuevo se descubre los condicionantes de una formación y la dependencia a un mercado.

La independencia de la mirada inmediata se pierde en el momento en que el autor gira la cabeza para encuadrar, para enmarcar unos elementos y equilibrar las formas situando el peso compositivo de la masa de las figuras con el de la barca y los otros personajes que pesan no sólo por el volumen , sino también por el color, compensación cromática también intencionada, en los marrones de la madera y de la indumentaria de una de las mujeres y como un instrumento de frescura y naturalidad los azules de las aguas, las estancadas de la ensenada, los libres del mar, de un azul más intenso y que hace pendant con los verdes de la débil vegetación.

La carencia de pretensiones del cuadro , no la convierte en una obra menor en la producción de Gullermo Gómez Gil, sencillamente, es un trabajo de registro de reflexión compositiva y ante una naturaleza que le serviría para realizar otras miradas sobre este territorio, otras vistas de esas costas que llevarán la misma intención de registrar la geografía española desde sus signos de identificación territorial según ese espíritu institucionalista , de la institución Libre de Enseñanza, que proponía una renovación de la cultura artística española, desde el paisaje, especialmente aquel con la personalidad de significar la diversidad de nuestra nación , con vocación de definición territorial.



Mercedes Tamara
19-09-2014


Bibliografía: Colección Museo Thyssen, Málaga















domingo, 14 de septiembre de 2014

LA RECOGIDA DE LAS REDES CAMILLE COROT

LA RECOGIDA DE LAS REDES 1871

La recogida de las redes
La recogida de las redes
óleo sobre lienzo 66 x 82 cm
Paris, Museo de Orsay


Corot es sensible a la poesía de las aguas tranquilas de los estanques y de los ríos cuya presencia en el campo invita a la meditación. En La recogida de las redes, el agua del río refleja un cielo nublado, delicadamente plateado. Como tiene costumbre de hacerlo, Corot ha colocado un toque de color realzando estos tonos de grises: el pañuelo rosado del pescador del primer plano. En la lejanía, los tejados de las chozas indican una presencia humana, evocada también con estos minúsculos paseantes que descansan al pie de los árboles. Pero lo esencial es el paisaje. Las formas, difuminadas, vaporosas, se reparten armoniosamente.


En la derecha, un grupo de árboles se alza hasta el cielo, precedido por un abedul de finas ramas, simple trazo echado en el centro del lienzo del que ordena la construcción. Se desprende de este cuadro una impresión de serenidad, véase incluso de melancolía, propio de las últimas obras del pintor.


Mercedes Tamara
14-09-2014


Bibliografía : Museo de Orsay , Arte y pintura , Edic Uffmann