domingo, 5 de agosto de 2018

EL PATIO DE SAN MIGUEL EN SEVILLA RAIMUNDO DE MADRAZO


EL PATIO DE SAN MIGUEL EN SEVILLA 1868 

El patio de San Miguel, en Sevilla 
Óleo sobre tabla, 15,8 x 10 cm.
Museo Del Prado Madrid










En septiembre de 1867, Raimundo de Madrazo deja París momentáneamente para acudir en Madrid a la boda de su hermana Cecilia con Mariano Fortuny. Una vez en España, prolongaría su estancia durante un año, aprovechando la primavera de 1868 para viajar a Andalucía.

 En Sevilla se dedicó a realizar algunos paisajes de pequeño formato, que se podrían calificar de caprichos de autor, entre los que se hallaría la presente obra.Sobre el empedrado del suelo y a la sombra del edificio que alberga el colegio de San Miguel de la capital andaluza, tres chiquillos de corta edad juegan en un apacible y soleado día de primavera. A la derecha, la fachada encalada del patio queda semioculta entre los jazmines trepadores que tamizan la luz del medio día, destacando sobre el balcón, según una ancestral costumbre nacional, una palma procedente de la procesión del Domingo de Ramos.







Al fondo, se observa un pasadizo cubierto que insinúa algún recodo entre las estrechas callejas del entorno de la catedral sevillana. La escena está ambientada, sin duda, en el patio ubicado justo enfrente de la denominada puerta de San Miguel o del Nacimiento. Frente a ella se situaba el, hoy inexistente, colegio de San Miguel, en el que se educaba a los jóvenes cantores de la catedral, siendo también en algún momento de su historia colegio-seminario eclesiástico.


Tratada con una exquisita sensibilidad, no deja de sorprender la cercanía de esta tabla a la gama cromática, temática y técnica minuciosa de su amigo el pintor Martín Rico. Raimundo camina por esta misma senda dejando en esta pintura, de tamaño reducido, efectos tan conseguidos como el de la postura funcional de las manos del niño que centraliza el conocido juego del gua, con el dedo pulgar oculto en su mano para dar impulso a la canica. 


También los primorosos toques de color de la enramada cuajada de flores, las veladuras sutiles de la zona de las nubes, las líneas desvencijadas del canalón o el descuidado tejado de la edificación del fondo en el que han ido arraigando plantas silvestres, nos acercan al universo detallista, descriptivo, de toque certero, que evidencia la maestría técnica de un pintor desarrollando una temática, en cierto sentido, un tanto alejada de la producción artística en la que consiguió un destacado protagonismo 


Mercedes Tamara
5-08-2018






Texto extractado de Gutiérrez Márquez, A. en: El legado Ramón de Errazu: Fortuny, Madrazo y Rico, Museo del Prado, 2005, pp. 146-148).
Bibliografia : ForoXerbar