sábado, 11 de junio de 2016

ENRIQUE IV RECIBE EL RETRATO DE MÁRIA DE MÉDICIS PEDRO PABLO RUBENS

         ENRIQUE IV RECIBE EL RETRATO DE MÁRIA DE MÉDICIS






        ENRIQUE IV RECIBE EL RETRATO DE MÁRIA DE MÉDICIS
Óleo sobre lienzo 394 x 295 cm
Paris Museo del Louvre 


Nació el 28 de junio de 1577 en Siegen, Westphalia (hoy Alemania). Hijo de Jan Rubens, abogado y funcionario municipal en Amberes.

Tras convertirse del catolicismo al calvinismo, Jan dejó Flandes junto a su familia debido a la persecución a los protestantes. Su padre fue consejero y amante de la princesa Ana de Sajonia, esposa del príncipe Guillermo de Orange. A la muerte de Jan en 1587, su madre regresa con sus hijos a Amberes, donde volvieron a convertirse al catolicismo.



Cursó estudios en la Escuela Católica de los jesuitas de Colonia y acudió a la Escuela Latina de Rombant Verdonk, donde se educó en la cultura clásica griega y romana.



Fue paje al servicio de la condesa Margarita de la Ligne d´Aremberg, experiencia que le aportaría el conocimiento del protocolo cortesano, de gran utilidad en su posteriores viajes por Europa. Aprendiz de Tobias Verhaecht, Adam van Noort y Otto van Veen, conocido como Vaenius, tres manieristas del siglo XVI. Con 21 años, Rubens concluye sus estudios, superando el examen de maestro ante la corporación de la Guilda de San Lucas de Amberes, a la que se agrega como pintor autónomo.

En 1600 llegó a Venecia, donde Tiziano, Veronés y Tintoretto dejaron en él una profunda huella, al igual que Miguel Ángel y Rafael en Roma, así como por la escultura greco-romana antigua. El duque de Mantua lo contrató por nueve años. Además de realizar obras originales, copió algunas pinturas renacentistas de la colección ducal y en 1605 hizo de emisario del duque en su visita al rey Felipe III de España.

A la muerte de su madre en 1608 regresa a Amberes, donde contrae matrimonio con Isabella Brant en 1609. Es contratado por el burgomaestre de la ciudad y se confirmó su éxito al ser requerido como pintor de corte del archiduque austriaco Alberto y de su esposa, la infanta española Isabel, ya que juntos gobernaban los Países Bajos como virreyes al servicio del rey de España. El número de pinturas que se le pidieron fue tan enorme que tuvo que establecer un gran taller donde sólo realizaba el boceto inicial y los toques finales, mientras que sus aprendices completaban todas las fases intermedias. La Iglesia contrarreformista de Flandes fue uno de sus mejores clientes que juzgó que sus dramáticas y emotivas interpretaciones de los hechos religiosos, como el Tríptico de la resurrección de la cruz (1610-1611, Catedral de Amberes),



Desde 1630, cuando se casó con Elena Fourment, vivió en Amberes, en el castillo de Steen, su residencia en el campo. La enfermedad de gota que padecía empeoraba, y a esta etapa pertenecen sus más violentas obras de asunto religioso como el Martirio de San Livino. La muerte sorprendió a Rubens en Amberes el 30 de mayo de 1640, dejando sin terminar el lienzo Andrómeda y Perseo. 

Este lienzo formaba parte de la serie encargada a Rubens por la reina madre de Francia, María de Medicis, para decorar el salón principal del Palacio del Luxemburgo en París. Con esa serie se pretendía exaltar y glorificar la vida y la regencia de la soberana.El matrimonio de Enrique IV de Francia y María de Medicis formaba parte de los habituales enlaces de Estado, en los que los contrayentes no se conocían. María era hija del gran duque de Toscana y tenía 25 años mientras que Enrique, divorciado sin hijos de Margarita de Valois, esperaba una unión fecunda y más lucrativa que la anterior. Sería la riqueza de la dote y no la belleza de la joven lo que animó al monarca francés a contraer matrimonio.

La obra  se desarrolla en un paisaje . El humo del fondo simboliza la guerra entre Francia y Saboya .Júpiter y Juno contemplan los hechos desde el cielo como dioses supremos mientras Himeneo -el dios del matrimonio- y el Amor sostienen el retrato de María.

Enrique IV lo contempla con deleite . Detrás del rey , que lleva armadura , se encuentra Galia, la personificación de Francia , dos tiernos cupidos , juegan con el casco y con el escudo para simbolizar que ha cesado la guerra y reina la paz. En realidad, no fue un matrimonio por amor. sino una unión dinástica tras la anulación del enlace de Enrique IV con Margarita de de Valois por falta de descendencia. La presencia de los dioses es una referencia a los "alter ego" divinos de Enrique y María, simbolizando la armonía conyugal. Con su casco y escudo juegan dos amorcillos a sus pies.



Mercedes Tamara
11-06-2016

Bibliografia . Wikipedia 








lunes, 6 de junio de 2016

MAGDALENA PENITENTE EL VERONÉS

MAGDALENA PENITENTE 1583





Magdalena Penitente
óleo sobre lienzo 122 x 105 cm
Madrid Museo  Nacional del Prado


La Magdalena -símbolo de la belleza arrepentida- protagonizará un buen número de lienzos al permitir representar un rostro juvenil y sugerente, ajeno a las tristezas de los martirios tan comunes en el cercano Barroco.


Estamos ante una de las obras tardías del Veronés (  está fechada en 1583, el mismo año que Felipe II le encargaba una Anunciación para el altar mayor de El Escorial ) que refleja perfectamente la transformación que estaba teniendo la pintura veneciana en torno a 1580.

La opción de El Veronés está marcada por su consciente abandono de la teatralidad que había acompañado sus composiciones religiosas en décadas anteriores y por la emotiva búsqueda de una espiritualidad más íntima y sosegada . Este nuevo estado anímico llevó aparejado un cambio  en los aspectos formales de su pintura, donde asistimos a una progresiva simplificación compositiva y a un obscurecimiento de la paleta cromática y la adopción de un estilo más abocetado .

Veronés nos transmite una de sus imágenes más interesantes, en la que muestra su predilección por las calidades de las telas. La santa aparece en primer plano, elevando su mirada hacia Dios, en un maravilloso gesto de ternura y arrepentimiento por su anterior vida de lujo y prostitución. Viste un elegante traje carmesí, cubriéndose el amplio escote con sus manos y sus largos cabellos, postura muy del gusto de la época. A su alrededor encontramos una calavera, un libro y un crucifijo, elementos que aluden a su vida de contemplación en el desierto, como una eremita más. La luz divina ilumina su bello rostro, provocando un ligero claroscuro. La pincelada empleada por el maestro es bastante suelta, apreciándose la rapidez de la factura en algunas zonas del vestido o del cabello.



                                                         Mercedes Tamara
                                                           6-06-2016


Bibliografia : ARTEHISTORIA