jueves, 27 de febrero de 2014

SAN FRANCISCO DE ASIS Y SAN PEDRO DE VERONA LUIS DE MORALES

SAN FRANCISCO DE ASIS Y SAN PEDRO DE VERONA 1575
San Francisco de Asis y San Pedro de Verona
óleo sobre tabla 76x 33 cm
Colección Masaveu



Luis de Morales, apodado el Divino por la marcada emotividad y exquisito acabado de sus imágenes devocionales , fue uno de los pintores más valorados en la España del siglo XVI . Pese a su renombre persisten numerosas incógnitas sobre su biografía y, en las últimas décadas, también ha cambiado la interpretación de su estética singular . Tradicionalmente encumbrado como paradigma de la sensibilidad de la Contrarreforma , en realidad se ha demostrado su vinculación con corrientes heterodoxas previas a Trento . En su obra combina un profundo estudio de la pintura flamenca de la que tomó la pincelada minuciosa y el gusto por el detalle, con los modelos italianos contemporáneos. En este capítulo fusionó los ecos compositivos de Tiziano y Sebastian del Piombo con el sfumato de Leonardo, que hubo de admirar a través de las obras de discípulos del maestro de Vinci.

De origen incierto, muy posiblemente pacense , su formación artística debió tener lugar en Sevilla en el segundo cuarto del siglo XVI. Por sus vínculos estilísticos , debió de conocer trabajos del flamenco Pedro de Campaña ( Pieter Kempeneer ), residente en la ciudad del Guadalquivir en esos años. Su presencia en Badajoz se documenta ya desde 1539 hasta su muerte. Allí instaló un próspero taller dedicado principalmente a satisfacer las demandas devocionales de las élites, con los arzobispos de la diócesis a la cabeza. Por ello junto a su producción retablística , en la que sobresale su participación en la iglesia de la Asunción de Arroyo de la Luz 
( 1560- 1563 ) , destaca un repertorio sacro en formatos asequibles a la piedad privada y a la meditación. De ahí la frecuente temática pasional de Morales. Se trata 
de sus obras más personales , en las que desplegó unos tipos iconográficos originales, que , en vista de la abundancia de versiones autógrafos, de taller y copias, calaron hondamente en la religiosidad de sus coetáneos.

Esta pareja de santos muestra magníficamente esa evocación mística de la Pasión , en la que el extraordinario acabado juega un papel tan relevante como la retórica gestual o la mostración de la sangre. En ella se enlazan las dos órdenes religiosas más importantes, con sendos personajes que sufrieron en propia carne el sacrificio. Uno de manera milagrosa , pues San Francisco recibió las mismas heridas de Cristo por concesión divina. Así, Morales recurre a un tipo iconográfico peculiar recogido por el principal de los místicos franciscanos, san Buenaventura. Según su descripción, san Francisco mostraba además de las llagas los propios clavos de la Crucifixión , como los aquí expuestos. También se intuye brevemente la llaga de su costado , apenas apreciable en el rasgón de su hábito.

Por su parte, el dominico san Pedro de Verona murió asesinado al ser apuñalado y clavarle una pica en el cráneo. Mientras aquí un insólito aplomo mientras traza con su dedo ensangrentado " Credo in Deum ". Evoca así la actitud de entrega que tuvo en su martirio, afrontado sin ninguna queja mientras recitaba el Credo, tal y como recoge La leyenda dorada.

Juan Miguel Serrano planteó la hipótesis de que estas tablas fueran en origen las puertas de un tríptico , flanqueando un Ecce Homo . De hecho, en el convento de Santa Fe , de donde proceden, en el claustro principal colgaba junto a ellas un 
Ecce Homo  de Morales de unas medidas ligeramente inferiores . La tres se conservaban en la Colección García de Madrid en  1917, separándose en fecha indeterminada . Pese a las reticencias de Solís Ródriguez , acerca del tamaño y la conexión entre las figuras, la propuesta de Serrera mantiene toda su vigencia. Por un lado, en otros Trípticos de Morales la imagen central es menos, como en los casos del Ecce Homo, la Virgen y san Juan del Museo de Cádiz y La Piedad , san Juan y la Magdalena del Museo del Prado . Pero sobre todo por la consistencia del argumento pasionista, pues ambos santos aceptan abnegados un sufrimiento derivado del padecido por Cristo, de ahí la ostentación de los instrumentos de martirio y las expresiones de ensimismamiento y éxtasis.

La meticulosa pincelada y la nitidez dibujística encuadran las obras en la mejor plenitud de Morales, rebasada la década de 1550. Ambos santos corresponden a sus estereotipos humanos , estilizados y lánguidos, en los que introduce algún atisbo naturalista de raigambre flamenca , como los pelos de la barba o el borde desgastado del hábito de san Francisco . El fondo verde intenso sobre el que destacan sus pálidas carnaciones aísla y conduce al espectador a la intimidad de ellos.


Mercedes Tamara
27-02-2014
Bibliografía : Colección Masaveu

No hay comentarios:

Publicar un comentario