viernes, 14 de febrero de 2014

SAN FRANCISCO DE ASÍS JOSÉ DE RIBERA

SAN FRANCISCO DE ASÍS 1652
San Francisco de Asis
óleo sobre lienzo 94,5 x 65,5 cm
Colección Masaveu


José de Ribera fue una de las figuras claves en la evolución del primer barroco, si bien su importancia trascendería en el arte italiano y español hasta el siglo XX. Era apodado por sus conciudadanos napolitanos como Il Spagnoletto , por su corta estatura y por recordar insistentemente su origen valenciano. Dada su implicación en el medio artístico romano y napolitano, esa declaración acabó por crear una paradoja y a la vez una demostración de los vínculos entre las dos orillas del Mediterráneo: un español pintado como un italiano. Es más, su papel en la consolidación del naturalismo fue determinante para el pleno arraigo de esta estética en Nápoles , adonde llagaría en 1616. Tras su aprendizaje inicial en los círculos caravaggisticos romanos, en la ciudad del Vesubio evolucionaría a mediados de la década de 1630 asimilando las innovaciones coloristas y luminosas de raíz boloñesa. Una transformación que da la medida de su adaptación a los tiempos y de su propio espíritu renovador.

Al mismo tiempo su condición de nexo entre Italia y España se canalizó gracias al coleccionismo. Entre sus mecenas destacaron los virreyes españoles, quienes enviaron a la metrópoli numerosas pinturas de Ribera, de forma que en España se tuvo  cuenta puntual de sus logros, ejerciendo un importante influjo en la distancia. Aunque cultivó también la mitología, el retrato e incluso el paisaje, su éxito como creador y difusor de formas se concentró sobre todo en el ámbito devoto. Precisamente , la cruda descripción del natural y los violentos enfoques lumínicos naturalistas asimilados en su juventud dieron lugar a intensas visiones de la santidad. La demanda fue tal que mantuvo su obra prácticamente inalterable y en paralelo a su producción final más luminosa y deshecha. Generalmente fueron las representaciones de figuras aisladas las que conservaron esa escenografía dramática aprendida de Caravaggio.

El segundo componente de este éxito fue la configuración de prototipos formales que cuajaron en la sensibilidad del primer barroco, repetidos y transformados en numerosas ocasiones . Para satisfacer esa demanda se valió de un nutrido taller que, siguiendo el original del maestro, producía versiones en las que este podía intervenir en grado diverso. En esta mecánica de creación de imágenes no hacía sino insistir en las estrategias ensayadas por otros artistas contemporáneos, como El Greco o Rubens . Esta mecánica de trabajo es la causa de la existencia de diversos ejemplares de una misma composición con diferencias de calidad.

Este expresivo San Francisco demuestra excelentemente esta tipología piadosa, concentrada en su figura bruscamente iluminada. El denso paso del pincel se esmera en fingir la presencia real del santo, trasladando su humanidad, su volumen, deteniéndose en los accidentes de su piel macilenta y la basta sarga de su hábito remendado. La economía de elementos , incluso de color, ya que la gama con la que está pintado se basa en pardos y grises, no solo caracteriza a un santo que preconizaba la humildad, sino que dirige la mirada del espectador a su experiencia mística con idéntica sencillez. Los estigmas de sus manos y la luz hacía la que se dirige su mirada acuosa hacen evidente su santidad. Pertenece, dada su fecha, al grupo de obras de pervivencia naturalista.

En ese mismo año firmaba la serie de cuatro ermitaños del Museo del Prado, con la que esta obra comparte técnica y recursos gestuales. Asimismo el tipo fisonómico se relaciona con otras representaciones riberescas posteriores del Santo de Asís, como el Éxtasis ( 1642 ) y que presenta una calavera del palacio Pitti ( 1643 ) si bien se trata de un modelo habitual en su obra , utilizado también en algunos de sus Cristos.

La imagen corresponde a un prototipo poco conocido por ahora, del que solo se había publicado un ejemplar estimado como obra de taller, firmado asimismo en 1641 y antes conservado en la Colección Sabatello de Roma . Esta nueva versión Masaveu ofrece la composición original integra, pues tiene unos 20 centímetros más de alto. Dada su apreciable calidad narrativa , este ejemplar se debe considerar autógrafo del maestro. Seguramente se trata del modelo del que partió el cuadro hasta ahora conocido. La grafía de la firma. situada atipícamente en el pecho del santo, es la habitual en los cuadros de ese momento.


Mercedes Tamara
14-02-2014



Bibliografía : Colección Masaveu

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