viernes, 1 de noviembre de 2013

SIERRA DEL GUADARRAMA MARTIN RICO


SIERRA DEL GUADARRAMA 1869
Sierra del Guadarrama
óleo sobre lienzo 65,4 x 92,1 cm
Netwart ( New Jersey ) Collection of  the Network Museum




En la sierra del Guadarrama , el estrecho contacto con la montaña propició una percepción inmediata de aquella naturaleza que llevó a Rico a una comprensión profunda de la misma , ya vertida en sus primeras obras. La sierra solo estaba habitada por leñadores, arrieros, traficantes y guardas. El trato con ellos fue ocasión de anécdotas narradas con humor por el artista en sus Recuerdos de mi vida y su eco aparece en esta composición. En efecto, las figuras , seguramente de leñadores, tienen aquí un papel más relevante que en otras obras de su primer período, pues entablan una relación entre sí que no existe en otros cuadros y animan , de modo decisivo la escena.




Esta se ilumina por un sol del atardecer , hora previa al crepúsculo. El artista prefería esta luz de la tarde antes que la puesta del sol, cuyos efectos habían sido explotados por los artistas del Romanticismo, con su maestro Genaro Pérez Villamil,  que buscaban efectos de espectacularidad . Con pocas excepciones ,  Rico evitó en sus pinturas las puestas de sol hasta el final de su vida, período en que las abordó ya bajo una óptica vinculada con la experiencia impresionista. La observación del natural permitió al artista la captación de los efectos de la luz de la tarde, que colorea levemente la sierra al fondo y destaca , con tonos ligeramente rojizos los troncos y las ramas de los pinos situados en primer término. Las sombras arrojadas en la parte inferior por otros árboles denotan también una percepción directa del natural, novedosa en el paisaje español de su tiempo . Muestra de esa finura perceptiva es el hecho de que las irregularidades del terreno acentúan, en las sombras, la deformación de las ramas que las producen. Esto, su disposición oblicua, su alternancia con las zonas de luz y su gran desarrollo en la franja inferior de la pintura, otorgan dinamismo a una composición que, ordenada en franjas superpuestas, hubiera resultado demasiado estática. La presencia destacada de las copas de los árboles , agitadas por el viento , y de sus ramas, combadas por el paso de la nieve invernal, hace más intenso el movimiento de la escena . Su deformación añade un efecto expresivo que el artista había estudiado en sus acuarelas y que se desarrolla aquí con un sentido más realista. Como en Un paisaje en el Guadarrama el cielo, animado por nubes entre claros, crea una profundidad desde los tonos tenues del horizonte de la sierra, en creciente intensidad hasta la parte superior azul , vivo, de modo que el paisaje entero revela una gran riqueza de matices.







Mercedes Tamara
1-11-2013

Bibliografía ; El paisajista Martín Rico Edit Javier Barón, Museo Nacional del Prado                            Madrid

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