miércoles, 11 de septiembre de 2013

VISTA DE COVADONGA MARTIN RICO

                                                VISTA DE COVADONGA 1856

Vista de Covadonga
óleo sobre lienzo 81x 63 cm
Oviedo, Museo de Bellas Artes de Asturias




Esta obra fue el primer óleo importante en la trayectoría del pintor . En el verano de 1856 Martín Rico viajó a Covadonga con su condiscípulo , el pintor zaragozano Pablo Gonzalvo ( 1830-1896 ) que por entonces realizaba paisajes , aunque luego  se especializó en pinturas de interiores y fue profesor de Perspectiva . Rico se encontraba allí el día de la fiesta mariana , que se celebraba el 8 de septiembre , según consta por su firma en el primero de los álbumes de visitas del santuario.

El viaje era entonces complicado por las dificultades del acceso y el propio artista se refería con humor al hecho de que entonces creíamos los jóvenes que cuanto más lejos se iba y más alto se subía eran mejor los paisajes, error que el tiempo  se ha encargado de desvanecer. Covadonga, cuna de la Reconquista , se había convertido en lugar de peregrinación, bastión del nacionalismo romántico y  referencia de validación para la débil monarquía , hasta el punto de que la propia  Isabel II había visitado el santuario y encargado vistas del Real Sitio. Por otra parte, es probable que las estancias de su maestro Genaro Pérez Villamil , ya por entonces fallecido , que habían fructificado en los importantes cuadros de La cueva de Covadonga y Procesión en el santuario de la Virgen de Covadonga hubieran estimulado decisivamente al pintor a realizar el viaje, que fue el primero de larga duración de los numerosos que realizaría en el curso de su vida.





Sin embargo, la pintura se emancipa por completo de la orientación romántica de aquel artista y muestra un propósito de estudio del natural de un modo mucho  más objetivo y ajeno a la fantasía del pintor gallego . En todo caso, la sola elección del punto de vista pone de manifiesto la grandiosidad de la peña de Auseva . El hecho de que el borde superior del lienzo la corte, resalta su magnitud en acusado contraste con las pequeñas dimensiones de la cueva, escondida en su interior , donde se advierte la capilla de culto erigida en 1820 y el tejaroz sobre el sepulcro de Pelayo . Bajo el voladizo de la cueva , la oquedad en sombra de la roca, por cuyos andaderos mana el agua a chorros en la época del deshielo , como recogían las estampas devotas del santuario , aparece seca, como acontece en el período de estiaje durante el cual se pintó el cuadro.




El interés del artista por organizar la composición a partir de una base bien marcada le llevó a asentarla en el zócalo del monumento que había proyectado en la centuria anterior Ventura Rodriguez ( 1717-1785 ) única parte que llegó a construirse . Ante el parapeto , el artista animó la composición con tres figuras vestidas en trajes regionales de buen paño, tocadas las mujeres con pañuelos blancos y el hombre con montera picona , al modo en que lo había hecho también Villamil en su vista La cueva de Covadonga, pero con menos pintoresquismo. Tras el muro del basamento, en el camino de la subida al santuario ,otra pequeña figura femenina da idea de la proporción y del gran desarrollo vertical del conjunto . Tras la revuelta del camino a la derecha , la colegiata de San Fernando aparece iluminada a pleno sol del mediodía , en sus sencillos y bien escalonados volúmenes , en un estado anterior a la ampliación que llevó a cabo el obispo Benito Sanz Forés. Se advierte así , sobre la terraza , el antiguo camposanto luego eliminado, con un recinto cubierto que servía como osario . Entre la colegiata y la cueva sobresale por su iluminación el edificio de acceso al santuario, erigido  sobre el contrafuerte que se alza a la izquierda del estrecho tiro de la escalera.




Rico, lo mismo que Gonzalvo, realizó varios estudios del lugar . Uno de ellos, un dibujo quizá acuarelado , sirvió de base para la xilografía que unos meses después, publicó en su primer número El Museo Universal que habría de ser la revista ilustrada de mayor calidad y difusión durante los años siguientes . La composición es aquí más amplia, incluye la totalidad de la peña Ameva y resulta, al tiempo más equilibrada y más amena que al óleo. En efecto, los volúmenes  sucesivos de las casas de los Beneficiados a la izquierda, el pedimento de Ventura Rodriguez en el centro y la terraza, la colegiata y la capilla, se disponen en planos sucesivos y paralelos otorgando con sus formas rectangulares y su  colocación centrada una regularidad al conjunto, a pesar de la gran dimensión  de la majestuosa peña. Por otra parte, las sucesivas caídas del torrente del río Deva , desde el sudadero de la cueva , luego a través del sumidero del gran  zócalo con el que Rodriguez quería expresar la sujeción de la naturaleza por  el rigor de la arquitectura, al modo ilustrado y, por fin, el tumultuoso descenso  bajo el puente, dan un carácter vivo y pintoresco a la composición



Mercedes Tamara Lempicka

11 -09-2013



Bibliografía ; El paisajista Martín Rico Edit Javier Barón, Museo Nacional del Prado                            Madrid


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