miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL DESAYUNO DE FRANCOIS BOUCHER

EL DESAYUNO 1739
El desayuno
óleo sobre lienzo 81,5x 65,5 cm
París, Musée National du Louvre


El padre de Boucher , que se dedicaba a diseñar bordados y ornamentos confió la formación de su hijo de 17 años a François Lemoyne . Al parecer sólo se quedo allí tres meses y enseguida  empezó a trabajar con el grabador Jean François Cars.En 1723 obtuvo el premio de Roma pero no viajó a Italia hasta cuatro  años más tarde . A su regreso en 1731, fue admitido en la Académie como pintor de cuadros históricos y en 1734 como uno de los miembros . Una carrera meteórica le llevó de los puestos de profesor, rector y director de la Académie a ocuparse de la dirección de fábricade tapices gobelinos ( 1755) y finalmente el nombramiento del premier painter du Roi ( 1765) . Los modelos principales en la formación de su estilo serán Bioemart, Rubens y Watteau . Su obra está llena de escenas pastorales e idilios con figuras juveniles. Sus representaciones de la naturaleza se caracterizan por una  refinada artificiosidad , entre ellas hay también puramente paisajísticas.
El erotismo de sus pastores y pastoras se debe a su delicada inocencia.También la mitología, con Venus como figura principal es tratada sólo en su aspecto amoroso y sensual , todo rasgo heroico ha desaparecido ; en lugar de una escena del Olimpo , el espectador se encuentra con el boudoir visto a través del ojo de la cerradura . También como retratista Boucher es el pintor rococó por autonomasía .
Durante sus últimos años , sufrió en carne propia las violentas críticas de los defensores del orden moral , entre los que se encontraba Denis Diderot . Esta escena familiar no exhala calor de hogar, protección o felicidad material. La joven y elegante madre se vuelve negligente hacía su hija , ocupada con sus juguetes . Una nodriza tiene en sus  brazos a una niña pequeña , que en su rigidez parece una muñeca, un decorado de teatro. También el criado , con la jarra en la mano, parece ausente. El ambiente del lienzo es, por el contrario , de una claridad jovial sin reservas.
Los niños son símbolos de despreocupación , las mujeres y el doméstico, de la juventud y la belleza ; la hora matutina , la personificación de una claridad ausente de sombras. El espejo y los dorados , las cortinas amarillas , la porcelana de claros colores,y sobre todo el gran ventanal , todo lleva en si brillo y claridad; aquí nada supone sombras,ni edad ni pobreza . Los temores de lo efímero apenas se pueden presentir
Mercedes Tamara 
26-09-2012


Bibliografía : El Rococó, Edic Taschen

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